El 23 de septiembre mi mamá me tomó por las manitos y pude dar unos pasos.
Practicaba mucho, en la casa y en la guardería. Mis maestras todos los días me animaban a dar los pasitos. Eso me cansaba y me tenía que dormir temprano para recargar baterías. A las 9 pm ya estaba durmiendo.
Pasó septiembre y llegó octubre. Las prácticas continuaron. Hasta que un día mi mamá me colocó en el jardín, sobre la grama y me soltó. ¡Que susto!. Me sentí en el aire. ¿Y ahora que hago?, pensé.
-Un pasito, hijo, un pasito – decía mi mamá.

Me atreví y dí cuatro pasitos seguidos y cai en brazos de mi mamá. ¡Guao!, que bien se siente estar agarrado.
Ese fue el 23 de octubre, un día domingo por la mañana.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario